27 de junio de 2017. Con motivo de
celebrarse el día 21 de junio de 2017 el “Día del Antártico de Ejército” y su
Santa Patrona “Virgen de los Hielos y Nieves Antárticas”, se entronizó una
imagen de la Santa Patrona en la Base Antártica “Belgrano 2”. El Personal de la
Base, con gran emoción peregrinó con la Imagen de la Virgen desde la “Capilla
de Hielo” (actualmente el templo más austral del mundo, construida en una serie
de túneles dentro del hielo), donde se hizo la Lectura del Evangelio, hacia el
emplazamiento final, acompañando con sus rezos y velas encendidas, dada la
oscuridad reinante en esta Base durante los meses de invierno. La actividad fue
coordinada desde el continente por el Capellán Castrense de la Dirección
Antártica del Ejército, Pbro. Bernardo Conte-Grand y dirigida en la Base por
Personal formado como Ministros Extraordinarios de la Eucaristía por el Padre
Bernardo.
I Seminario de Pastoral Castrense: “La Pastoral Castrense en Dinámica de Misión Continental. El Liderazgo Pastoral del Capellán Castrense”
26 de junio
de 2017. En San José de Costa Rica, del 17 al 27 de junio de
2017, se llevó a cabo el I Seminario de pastoral castrense: “La Pastoral
Castrense en Dinámica de Misión Continental. El Liderazgo Pastoral del Capellán
Castrense”, organizado por el Departamento de Comunión Eclesial y Diálogo del
CELAM.
Su principal objetivo fue el de incorporar
competencias de liderazgo pastoral a la labor que desempeña el presbítero
castrense en la dinámica de la misión continental, mediante la reflexión
teológico-pastoral y el conocimiento de experiencias significativas que hagan
posible una pastoral programática en el mundo militar y policial con diseño
estratégico, con procesos y con evaluación permanente.
El programa del
Seminario se desarrollo de la siguiente forma:
Durante el transcurso del Seminario se trabajó sobre la importancia del liderazgo del capellán castrense y la necesaria convicción de la salida misionera; comenzando con la definición de términos y cómo se debe entender desde ámbito eclesiológico y teológico, así como los aspectos culturales para el liderazgo y los factores psicosociales.
Los expositores fueron:
·
Presbítero
Luís Fernando Restrepo Londoño, de Colombia, dictó: “Liderazgo Pastoral en
Clave de Misión”, “Eclesiología y Desafío Organizacional” y “Taller de
Integración y Evaluación: Resolución de Casos”
·
Psicólogo
Carlos Leyva Conejo, de Costa Rica, dictó: “Factores Psico-Sociales en el
Liderazgo Pastoral”.
·
Presbítero
Oscar Ángel Naef de Argentina: “Liderazgo y Planeamiento Estratégico”, “Cultura
Teológico-Filosófica en el Líder Pastoral” y “Taller de Integración y
Evaluación: Resolución de Casos”
·
Magister
Alejandro Robles, de Costa Rica, dictó: “Liderazgo y Comunicación en Clave de Misión”.
El Seminario contó con la
presencia de 18 participantes provenientes de diferentes países de
Latinoamérica.
Para conocer más sobre este tema los invitamos a visitar la página Web del Departamento de Comunión Eclesial y Diálogo del CELAM en el siguiente link:
Reflexión del Evangelio del Domingo XII del tiempo ordinario
25 de junio de 2017. Evangelio según San
Mateo 10, 26-33.
Jesús
dijo a los apóstoles: “No teman a los hombres. No hay nada oculto que no deba
ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido. Lo que Yo les digo en la
oscuridad, repítanlo en pleno día; y los que escuchen al oído, proclámenlo
desde lo alto de las casas. No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden
matar el alma. Teman más bien a aquél que puede arrojar el alma y el cuerpo al
infierno. ¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo,
ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre de ustedes.
También ustedes tienen contados todos sus cabellos. No teman entonces, porque
valen más que muchos pájaros. Al que me reconozca abiertamente ante los
hombres, Yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero Yo renegaré
ante mi Padre que está en el cielo de aquél que reniegue de mí ante los
hombres”.
Por tres veces nos dice el Señor en este
evangelio que no debemos tener miedo, y solo una sola vez nos dice a qué no
debemos tenerlo. Sin duda que nos está llamando a tener en esta vida una
jerarquía de valores. La salvación de nuestra alma es el que está por encima de
todo otro valor. Y el alma se salva solo cuando pone a Dios por encima de todo
amor. La primacía de lo espiritual y la primacía de Dios por encima de todo.
Adán, por el pecado lo perdió todo, quedando ligado al pecado, a la condenación
y a la muerte. La separación de Dios es la muerte del alma, cuya muerte física
es su símbolo. Y por Adán todos pecamos y recibimos por propagación de la
generación el estado de pecado. Así sabemos ahora que Cristo es el nuevo Adán,
que nos ha recuperado, y con creces, lo perdido por Adán. Él nos trae la
justicia, la salvación y la vida. En esto consiste la Buena Noticia, que Cristo
predicaba casi en secreto, cuando caminaba por esta vida con sus apóstoles;
porque todavía no había muerto ni resucitado. Pero luego nos dice que deberemos
profesar nuestra fe a la vista de todos; y así también proclamarla. Esto
implicará la persecución, ya que el mundo que vive en las tinieblas del pecado
no querrá venir a la luz de Dios. Así es como persiguieron a los profetas
cuando ellos predicaban la verdad en nombre de Dios. Uno de ellos es una figura
de Cristo por la persecución que le tocó sufrir; se trata del profeta Jeremías.
Pero así como él se ponía en las manos de Dios, para que Él le defendiera de
sus enemigos, de la mima manera deberemos hacer nosotros también. Vivir y
proclamar sin miedo el evangelio de Cristo y la vida cristiana, es la misión de
todo bautizado. El Señor nos cuidará mucho más que lo que lo hace con los
pájaros de cielo. No deberemos tener miedo al poder de los hombres que matan el
cuerpo, ya que no pueden matar el alma. Más habría que temer a Dios, que puede
enviar alma y cuerpo a la condenación si uno vive y muere en el pecado. Así lo
han vivido los verdaderos cristianos de todo tiempo y lugar, prefiriendo el
martirio, antes que el rechazar a Dios, y su Vida y salvación. Como pensaba
Santo Tomás de Aquino: un alma en gracia vale más que todo el universo
material. Santa Catalina de Siena, cuando venía a su mente el pensamiento de un
alma en gracia, caía arrobada de éxtasis por el amor a Dios que ello le
causaba. Hay también un salmo de la Sagrada Escritura que reza: “Tu gracia
Señor vale más que la vida”. Lamentablemente vivimos en una cultura y en una
sociedad que ha dejado de valorar así las cosas de Dios. Se invierten los
valores del Evangelio y se antepone lo material a lo espiritual. Pero la
promesa del Señor sigue y seguirá siempre en pie: “a todo aquel que me confiese
ante los hombres, Yo lo confesaré ante mi Padre que está en el cielo”.
Pbro. José D´Andrea
Capellán Castrense
Reflexión del Evangelio de la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo
18
de junio de 2017.Evangelio según San Juan 6, 51-58.
Jesús dijo a los judíos:
“Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá
eternamente, y el pan que Yo daré es mi carne para la Vida del mundo”. Los
judíos discutían entre sí, diciendo: “¿Cómo este hombre puede darnos a comer su
carne?” Jesús les respondió: “Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del
hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y
bebe mi sangre tiene Vida eterna, y Yo lo resucitaré en el último día. Porque
mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come
mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y Yo en él. Así como Yo, que he sido
enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el
que me come vivirá por mí. Éste es el pan bajado del cielo; no como el que
comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente”.
Como
el antiguo Israel, la Iglesia está formada por seres humanos que vamos
peregrinando por este mundo, así como Israel peregrinaba por el desierto. El
Señor probó a su Pueblo en el desierto, lo afligió, le hizo pasar por
penalidades serias y así lo humilló hasta el punto de que todo ello
constituyera una pedagogía que enseñara a Israel la noción que para sobrevivir
necesitaba de la asistencia divina. Especialmente necesitaba ser alimentado, y
Dios les concedió el maná, para enseñarles que no solo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Israel tuvo que hacer un acto
de fe en la palabra-promesa de Dios, que siempre habría de cumplirse, y se
alimentó de esa palabra y de ese pan que cayó del cielo enviado por el Señor.
Ya en el Nuevo Testamento Cristo es más categórico todavía y nos dice que
debemos alimentarnos comiendo su carne y bebiendo su sangre, para tener
verdadera Vida en nosotros. Dios, por su sacrificio en la cruz y por el
sacramento del bautismo, nos ha devuelto la vida de la gracia de Dios, que Adán
había perdido cometiendo el pecado original. Pero esa vida que ahora llevamos,
lo hacemos también como peregrinos y caminantes por esta vida, y es por ello
que es una vida que también necesita ser alimentada; y como se trata de vida
cristiana, ella debe ser alimentada por el mismo Cristo. Él ha encontrado
también la sapientísima forma de quedarse con nosotros como alimento. En la
Última Cena convirtió el pan en su Cuerpo, y el vino en su Sangre, y concedió a
los Apóstoles su sacerdocio divino para que pudieran hacer lo mismo que Él
había hecho allí. Y así su sacerdocio se transmite por la ordenación sacerdotal
hasta el último hombre que Él quiera llamar y cada uno de esos sacerdotes, que
participan del único sacerdocio de Cristo,
hace presente en el altar el misterio de su Cuerpo y de su Sangre que
contienen la presencia real de Cristo bajo los velos de los accidentes del pan
y del vino. Es por eso que los cristianos participamos de su banquete
eucarístico cada Domingo del año; y también lo adoramos presente en la sagrada
eucaristía. En el siglo XIII surgió la fiesta del Corpus Christi, por la cual
se lleva procesionalmente por las calles de nuestras ciudades y barrios la
sagrada forma, para que ella convierta los corazones de los hombres y llene a
toda la sociedad con sus benéficos rayos de gracia divina. Al gran doctor de la
Iglesia, santo Tomás de Aquino, le fue encomendado escribir los himnos del
oficio divino y la secuencia de la misa de este día. Luego se supo que en su
vida de oración, se le apareció el mismo Cristo y le dijo: “Bien has escrito de
mí Tomás, ¿qué quieres que te conceda por ello?”. A lo cual el santo doctor le
respondió: “Señor tu sabes que solo te quiero a Ti”. Y esa debería ser nuestra
mayor ambición, querer tener a Dios en nuestro corazón.
Pbro. José D´Andrea
Capellán Castrense
Reflexión del Evangelio de la Solemnidad de la Santísima Trinidad
11 de junio de 2017. Evangelio según San Juan 3, 16-18.
Dijo Jesús: “Dios amó tanto al mundo, que entregó a su
Hijo único para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga Vida
eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el
mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es condenado; el que no cree, ya
está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.”
A
lo largo de toda la Biblia siempre el nombre designa a la persona que lo lleva,
incluso cuando Dios cambia el nombre de alguien ello se debe a que le cambia
también su misión en el mundo, en la historia de la salvación y en la sociedad:
Abram será Abraham que significa padre de muchedumbre de pueblos; y Simón será
Pedro que significa la piedra sobre la que el Señor construirá su Iglesia. Pero
cuando se trata de Dios, ya el nombre pasa a ser más bien aquello que designa
una realidad trascendente, algo que al hombre se le escapa por completo.
Delante de Moisés, por ejemplo, al pasar Dios por enfrente del agujero de la
cueva dice su nombre y pronuncia el inefable Yahveh, al mismo tiempo que se
designa a sí mismo como el Dios clemente y misericordioso, cuya medida se nos
escapa completamente. Él es el Ser infinito, o el acto puro de ser, y su
misericordia se ejerce sobre mil generaciones de aquellos que se arrepienten de
corazón. No es el Pueblo de Israel el que elige y abarca a Dios con su mirada,
sino más bien al revés, es Dios el que elige a Israel y el que lo sostiene y
abarca con su mirada de Padre. En el Nuevo Testamento Dios es la Trinidad y
abarca o significa la salvación redentora del hombre. La Trinidad y la
redención se nos revela en esa frase de San Juan que dice Jesús: “Dios amó
tanto al mundo que entregó a su Hijo único”. EL misterio de la Santísima
Trinidad, es el misterio de la vida íntima de Dios que nos ha venido a revelar
y a hacer partícipes Jesucristo. Es un misterio propiamente dicho es decir que
sin la revelación, si Dios no lo revelara, no podríamos saber nada acerca de él
por el solo uso de la razón. El misterio consiste en que en la única esencia
divina o naturaleza subsisten tres divinas personas. También se podría decir
que la esencia divina se da paternalmente, filialmente y espiritualmente. Dios
el Padre se conoce a sí mismo y por vía de generación intelectual concibe una
idea o Verbo de sí mismo, que en Dios es tan grande que es una persona
distinta: el Hijo de Dios. A su vez, el Padre ama al Hijo y el Hijo ama al
Padre, al punto que es tan grande el amor que hay en dios que produce o espira
a una persona distinta que el Espíritu Santo. Además hay que decir que Dios se
revela de forma trinitaria: es el Hijo de Dios el que habiéndose hecho hombre
convivió con los apóstoles y con los hombres dándoles a conocer al Padre. Al
mismo tiempo que esto hacía, se manifestaba como el Hijo de Dios. Finalmente
nos dará el don del Espíritu Santo que es el que nos va a explicar al Hijo de
Dios en y por medio de la Iglesia a la que va a animar como alma. Por eso es la
Iglesia la que tiene autoridad para explicar el Evangelio de Cristo, porque en
realidad es el mismo Espíritu Santo el que lo explica en ella y por ella. Y
finalmente podemos decir que Dios nos salva a los hombres, a la humanidad
entera de una forma trinitaria: el Padre entrega a su propio Hijo a la muerte
de cruz y a los más temibles tormentos, para derrotar al demonio, a la muerte y
al pecado y así perdonar el pecado del hombre y darle su salvación y su gracia.
Es pues el Amor del Padre, la Gracia del Hijo y la comunión del Espíritu Santo,
lo que Dios nos otorga en esta vida para que podamos contemplar y ver cara a
cara en la visión beatífica, al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. O mejor
dicho; al Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo, que es el Camino de la
Salvación.
Pbro. José D´Andrea
Capellán Castrense
Reflexión del Evangelio de la Solemnidad de Pentecostés
04
de junio de 2017. Evangelio según San Juan 20, 19-23.
Al atardecer del primer
día de la semana, los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por
temor a los judíos. Entonces llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les
dijo: “¡La paz esté con ustedes!” Mientras decía esto, les mostró sus manos y
su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús
les dijo de nuevo: “¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, Yo
también los envío a ustedes”. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió:
“Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se
los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan”.
La
fiesta de Pentecostés, era una celebración agraria por la siega, que había
pasado a ser en Israel el recuerdo de la celebración de la Alianza en el Sinaí
después de la salida de Egipto de los israelitas comandados por Moisés; y por
lo tanto una conmemoración de la entrega de las tablas de la Ley. Ya en el
Nuevo Testamento, se convertirá en el día en el cual se derramó sobre la
Iglesia, en la persona de los Doce Apóstoles, el don del Espíritu Santo. Con un
viento impetuoso y como lenguas de fuego que se posaban sobre los apóstoles
llegó el don de lo alto. Se produce la salida del lugar y la predicación en
lenguas o fenómeno llamado de la glosolalia, por el cual hombres que habían
llegado a Jerusalén venidos de diferentes naciones y que por ello hablaban
distintos idiomas, los entendían a los apóstoles, cada uno en su propia lengua.
Es la recuperación de la unida perdida con motivo de la construcción de la
torre de Babel. El significado es claro, cuando los hombres quieren construir
un mundo único basado en el olvido de Dios y en la soberbia del hombre, es
decir, marcado por el pecado, se produce la desunión de pueblos y naciones; en
cambio cuando el hombre acepta humildemente el Reino de Dios, Él es el que
lleva a la tan anhelada pacificación y unidad de todos. Como dirá San Pablo:
todos formamos parte de un único Cuerpo, es decir que por el Bautismo, que nos
ha dado la gracia y el don del Espíritu, hemos venido a ser hechos partícipes
de la misma naturaleza divina y estamos unidos a Cristo Cabeza formando parte
como miembros de un mismo Cuerpo, que es el Cuerpo Místico de Cristo, es decir
la Iglesia. El Espíritu Santo es como el viento que levanta las hojas y que al
inhabitar en nuestras almas, las levanta desde su interior a una vida más alta.
Así es como la gracia es la ley del Evangelio, ella es la que nos mueve a
cumplir los mandamientos y nos hace vivir las virtudes cristianas. Aquellos
carismas que el Espíritu Santo dio a la Iglesia, como la glosolalia, las
curaciones, la profecía, etcétera, fueron cesando por el siglo II como lo
atestigua San Agustín; porque esos dones se habían otorgado para que la Iglesia
se levantara y estableciera rápidamente en todos lados. Una vez que la Iglesia
se encontró construida firmemente a lo largo y a lo ancho del Imperio Romano,
es decir una vez que se encontró encarnada por así decir, los dones ya no
hicieron falta. La Iglesia es el sacramento de la unión de Dios con los hombres
y de los hombres entre sí. Ella, por la celebración de los sacramentos es la
que santifica a todo hombre que viene a este mundo y no hay otro medio de
salvación que no sea de Cristo y de su Iglesia. Así es la voluntad y la
revelación de Dios: el camino ordinario de salvación. Fuera de la Iglesia no
hay salvación. Incluso si alguien obra rectamente y alcanza la salvación por
seguir rectamente su conciencia sin estar en ella ni conocerla, sin embargo
invisiblemente está en ella. Aún así, hay obligación y esto es los mejor, de
pertenecer a ella visiblemente como también de corazón. Cristo la llamó “mi
Iglesia” y le dio su Espíritu para que salvara a los hombres y perdonara sus
pecados.
Pbro. José D´Andrea
Capellán Castrense
Homilía en la Misa de cierre de la 59° Peregrinación Militar Internacional al Santuario de Lourdes, Francia
02 de junio de 2017. Traducción al español[1] de la Homilía de Mons.
Luc Ravel, Arzobispo de Strasbourg y Administrador apostólico de la Diócesis
Castrense de Francia en la Misa de cierre de la 59° Peregrinación Militar
Internacional al Santuario de Lourdes, Francia, del 21 de mayo de 2017.
“Dona nobis pacem”
En cada misa, antes de la comunión,
cantamos: “Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, danos la paz”
(“Agnus Dei quitollis peccata mundi, dona nobis pacem”).
Pacem: ¿Qué es la paz que nosotros
pedimos?
Dona: ¿Por qué se nos debe otorgar?
Nobis:
¿Cómo debemos de recibirle?
1- La Paz, la paz de la cual nosotros hablamos: ¿Qué
es? ¿Es ella un verdadero bien?
Si miramos la historia, la paz es
confundida a menudo con la ausencia de guerra. Cuando la guerra aún no ha
comenzado hablamos de paz. Allí nosotros hablamos de paz. De ese modo la paz sería
sólo ausencia de guerra y la guerra la verdadera autora de la historia y,
ciertamente, el impulso de nuestra vida... Nosotros conocemos los valores del
guerrero: el coraje, la fuerza, la dedicación, el heroísmo, la entrega de la
propia sangre. En la contracara de esta percepción, la paz aparece flexible,
sin entusiasmo, sin capacidad para unir al pueblo y hacer crecer al hombre.
Por otra parte, se puede ver también
la paz como un bien, pero un bien intermedio. Ella nos permite hacer con
tranquilidad nuestras pequeñas tareas cotidianas. Sabemos cuánto molestan los
problemas del orden público cuando queremos desarrollar nuestras tareas. Esa
paz mediocre no es un gran bien para todos y en particular para todos aquellos
que sufren por razones sociales. Los pobres la suelen ver como una forma de
tranquilidad de injusticia concreta.
Pero Dios no ofrece ni esa paz
flexible, ni esa paz disputable.
Él nos propone la paz como meta
última de la cual todos se benefician. En el cielo estaremos en la gran y
perfecta paz. Y ahora en la tierra nos permite degustar los primeros frutos.
¿Qué
significa Paz de Dios? Es el punto de convergencia de todas nuestras buenas
energías. Ella saca de cada uno lo mejor de sí mismo, sobre todo los dones y
gracias personales. Y ella reúne a los hombres haciéndolos converger en un
punto en común. Ni flexible, ya que ella desarrolla nuestras cualidades, ni
disputable ya que ella beneficia a todos, esa paz es un horizonte de amor.
2- Ese don de la paz. ¿Por qué ella deber ser un don u
otorgada?
¿Por qué no la podemos construir
nosotros mismos? ¿No somos capaces de amar por nosotros mismos y de establecer
ese “horizonte de amor”?
Claramente nosotros amamos. Como un
niño, como un adulto, como un creyente, como un no creyente. Todos pretenden
amar o haber amado en todos los idiomas de la tierra. Y esos innumerables
amores, Dios no los desprecia. Ellos son como el reflejo, la marca más o menos
legible de lo que Él quiere darnos. O más exactamente, esos amores humanos son
la materia prima de lo que Él quiere regalarnos.
En otras palabras, no tengamos miedo
de amar a nuestros niños, a nuestros cónyuges, a nuestros padres, a nuestros
amigos, etc. Porque sin amor en nuestro corazón Dios no pude conducirnos al
amor hermoso. Pero al mismo tiempo, controlemos
sinceramente nuestras deficiencias: quedará en mi memoria por mucho tiempo la
confesión de un marido que lloraba: yo me voy a divorciar. Amo a mi esposa,
pero no podemos vivir juntos. Nuestro amor humano puede ser hermoso, sin
embargo no puede sortear todo aquello que nos separa de la otra persona. Nos
amamos a menudo mal y débilmente, salvo si ese amor es encendido por el don de
Dios.
Ese hermoso amor viene del Cielo pero
debe de ser recibido, aceptado. ¿Cómo? Tres consejos para cada uno de nosotros
antes de recibir esa paz del amor: Pedir, pedir con frecuencia y firmeza:
¡Señor danos tu amor! Implórale a Él porque ese amor es indispensable. Acepta
ser desbordado, no todo puede ser controlado. Ese Amor con mayúsculas nos
sorprende y nos conduce allí a donde muchas veces no queremos ir.
Cuida
el vínculo con Cristo. No se puede amar sin Él, pero ese cuidado tiene que
estar hecho con los ojos puestos en su Palabra, a su imagen y semejanza.
3- Estamos llamados a recibir ese amor. Nosotros,
todos juntos, sosteniendo el camino de la justicia.
Concentremos nuestra atención en el
término “Nobis” que designa una comunidad y no solo una persona.
En efecto, constatamos que esa paz de
amor lleva su tiempo para establecerse. El motivo, me parece que es el
siguiente: Nosotros pedimos el amor que Dios nos da repetidas veces ya que es
un buen Padre. Pero nosotros no hacemos nuestra parte del trabajo. Por esta
razón ese amor no fructifica, sino que se evapora ante la primera dificultad;
se disipa cuando surge alguna complicación social.
Esta tarea a realizar juntos por los
hombres es el establecimiento de la justicia.
Sobre este punto, hemos cometido
muchos errores al intentar practicar la caridad en nuestros movimientos de
solidaridad y en nuestras asociaciones caritativas y, al mismo tiempo, no hemos
puesto nuestros mejores esfuerzos para establecer la justicia ante nosotros.
Hemos soñado con una caridad sin
justicia, un hermoso árbol sin el suelo (donde poner sus raíces).
Este error es más frecuente de lo que
uno piensa. La justicia entra en juego entre nosotros trabajando en nuestras
familias, en nuestras empresas, en nuestras ciudades y la política, en esto, es
la primera responsable.
Para esta paz magnífica: tiene Dios
el amor, tiene el hombre la justicia. De Dios viene el don vivo del amor, pero
el hombre tiene la responsabilidad de instaurar lentamente la justicia. Y la
justicia es un trabajo en común porque no es posible establecer la justicia por
sí mismo aisladamente.
Es necesario pensar en el amor, pero
sin olvidar la justicia. Podemos reclamar el amor que se irradia, pero sin
despreciar la justicia que es su soporte.
Puede haber destellos en el amor,
pero no en la justicia. Ella se da lentamente, con esfuerzo, con subidas y
bajadas.
Ciertamente, amamos antes que la
justicia no esté plenamente establecida. Pero amamos buscándola sin descanso.
La justicia es un camino y esa ruta, que no debemos abandonar, es larga. El
amor que ha dejado la ruta de la justicia se pierde y no ofrece jamás la paz,
la hermosa paz, la paz como un torrente entre los hombres, la paz como un río
entre las Naciones.
Señor, ten piedad. Señor, danos la
paz.
✠ Luc
Ravel
Arzobispo de Strasbourg
y Administrador apostólico de la Diócesis Castrense
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